
Conversaba con mi sobrina sobre el problema que presentaba determinada niña conocida, y me decía, que dicho problema le afectaba el COQUITO. Por un momento quedé pensando, ¿será que le afecta la cabeza? (Por aquello de: “Ese está mal del coco”), hasta que le pregunté. ¿Cuál coquito? y me dijo, “la cosita tío, la cucharita pues, la chicanita” y entre diminutivo y diminutivo, llegué a la conclusión de que me hablaba de la VULVA de la niña.
Definitivamente, la sexualidad continúa siendo un tabú hasta en las cosas más triviales, nos cuesta un mundo, llamar a los órganos genitales por su verdadero nombre, porque pareciera ser, que se trata de algo perverso o pecaminoso. Y es algo totalmente infundado socialmente, desde la época de la Reina Victoria, por allá en el siglo XVII.
«Hay que nombrar al pene y a la vulva como nombrar la oreja, la boca, la nariz y el resto de las partes del cuerpo, es importante para que los niños lo sepan, conozcan su verdadero nombre y que NO se formen una idea de que tienen que ver algo con lo prohibido; hacerlo les ayuda a integrar sus genitales como una parte de su cuerpo, que también necesita cuidado y que NO es innombrable, ni sucia, ni mala», tenemos que empezar a romper paradigmas y enseñarle a los niños que son partes naturales de nuestro organismo, aclara conceptos.
¿Cuál es la importancia de llamar a las partes del cuerpo por su nombre?
Llamar a todas las partes del cuerpo por su nombre tiene un sentido de importancia que pocas veces se imagina. Es desde esa forma con la que los mismos niños pueden prevenir el abuso sexual, hasta la base para lograr un buen control de esfínteres, y el conocimiento natural de su cuerpo, además, sirve para desarrollar la confianza que los hijos pueden tener en sus padres, maestros y adultos significantes, para compartir con ellos dudas y alegrías en cada etapa de su desarrollo sexual. Incluso, que niños y niñas identifiquen claramente su pene y su vulva respectivamente, es de gran ayuda para ellos mismos, cuando quieren explicar alguna molestia en esa parte de su cuerpo o describir si alguien lo toca de forma abusiva, o sin su autorización. Entonces, ¿Por qué no llamarle al pene, «pene»; y a la vulva, «vulva»?
En algunas formaciones de Sexualidad que realizamos, sobre todo con educadores, hacemos el siguiente ejercicio: escriba un listado de los nombres que conoce para referirse al pene. ¿Serán más de 15? Ahora, realice el mismo ejercicio para designar a la vulva. Es probable que rebasen los 20. Y, por último, haga listas similares para observar cuántas palabras usa para hablar de los ojos, los codos, las piernas, las orejas… es casi un hecho que no halle más de dos o tres términos para cada una de esas partes del cuerpo.
¿Dónde Radica la importancia de llamar las cosas por su nombre?
La importancia radica, en que si se utiliza el nombre real de todas las partes de su cuerpo, incluyendo los órganos genitales, se convertirá en algo verdaderamente positivo para el desarrollo Bio-Psico-Social de nuestro niños y niñas, ya que:
- Ayuda a desarrollar una imagen corporal positiva.
- A la larga favorece una mejor autoestima, ganan seguridad en sí mismos al conocer y aceptar su cuerpo.
- Favorece una transición a la pubertad más fluida: si conocen su cuerpo pueden hablar de él, comentar sus cambios, preguntar, ajustar las expectativas.
Además de esto, incide directamente en ellos conocer su cuerpo, llamarlo por su nombre, ayuda a que podamos hablar de los límites y del respeto no solo hacia sí mismos, sino también hacia los demás, ahora que son niños, y cuando sean adultos. Y, por último, un ambiente en el que llamamos a las cosas por su nombre es un ambiente en el que se habla de las cosas, ¿verdad? Las familias que llaman a las cosas por su nombre son familias en las que la comunicación con los hijos es fluida y de calidad, con los beneficios que esto conlleva.
Cierro, con una anécdota que leí en internet recientemente, de un autor desconocido: Un día, una niña le dijo a su profesor: “Mi tío lamió mi galleta”, y el profesor le respondió: “La próxima vez, pide otra galleta”… Los meses pasaron y la mamá de la niña fue a hablar con el profesor sobre una erupción en la “galleta” de la niña; y fue ahí, cuando el profesor se dio cuenta de lo que la niña le intentaba decir aquel día…
Si NO les enseñas a tus hijos los nombres de sus genitales, podrías ignorar signos y síntomas de abuso sexual.
Pene y vulva no son malas palabras y no existe una “edad apropiada” para hablar de ello. Hay que hacerlo como cuando les enseñamos a decir mamá y papá.
P.d. El abuso sexual infantil pasa tanto en niñas como en niños.
Autor: Dr. Jesús Francisco Olmos Morillo.
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